Vale...vale. Será o no será cierto, pero está en la boca de muchos. ¿Qué estará pasando? Recordemos que la división de poderes nace con reflexiones sesudas en la ilustración francesa. ¡No tenían más remedio! Tenían un sistema político corrupto e inservible para las necesidades de la sociedad de entonces. Y construyen poco a poco un cuerpo teórico que pueda ser una solución. Un gran cuerpo teórico, sin duda. De hecho se ha copiado en la mayoría de países avanzados y ha funcionado 200 años. Y entre las grandes ideas, la independencia de los tres poderes.
Pero ahora hay un problema de nuevo. Centremos el problema.
Los partidos son estructuras fuertes y piramidales, donde sus miembros se jerarquizan de tal manera que al llegar al grado de tener poder político, raramente lo abandonan, pasando el resto de su vida con dicho poder, que crecerá o menguará según su habilidad para conseguir el apoyo de sus iguales. Un oficio. Y con un objetivo fundamental: el poder. Si crece debe crecer más; si va mal, mantener y si mengua luchar y renovar apoyos para volver a crecer. Lo dicho: Un oficio.
¿Y cuál es la habilidad para desempeñar dicho oficio? Pues cuando empiezan, y por tanto tienen poco poder, arrimarse a los que pueden impulsarte hacia arriba, obtener información privilegiada, ser fiel en cualquier circunstancia a la jerarquía. Más adelante crear tu propio grupo de presión, saber negociar con los iguales y además seguir con lo enunciado en la primera parte y así sucesivamente...evidentemente no conozco todos los detalles, pero no hace falta, ni importa demasiado en la reflexión. Así a bote pronto están los aspectos del discurso fácil, las dotes teatrales, un cierto carisma...
En ese camino aparece indefectiblemente otro poder que existe en el escenario: el dinero. Es un poder paralelo, intenso y descocado, que va a ayudarle. Sin más detalles, todo en mundo lo sabe: financiación de campañas, créditos a fondo perdido, etc.
Como verán ustedes, la ciudadanía solo aparece de tarde en tarde y pertenece a la habilidad teatral. Primer problema la democracia es formal. En lugar de ejecutarse la acción democrática, simplemente se ritualiza, como el teatro de Lindsay Kemp, el hombre que en lugar de representar las obras las ritualizaba. Los rituales funcionan bien con la especie humana.
No quiero extenderme más con cosas que todos saben. Sólo anotar tres cosillas que son necesarias para apuntar los cambios. Dichos especimenes obtienen el poder, local, regional o estatal, copan cargos y representatividad, forman los parlamentos y los gobiernos. Donde los primeros son fieles, recordar el primer punto, a los segundos y además eligen al tercer poder. ¡Problemón! Ya no hay división de poderes.
Ya tenemos tres problemas: profesionalización de la política, democracia ritualizada y falta de división de poderes. ¡Nada que ver con los ilustrados!
Pasemos a lo que interesa. Ya se han enunciado múltiples soluciones para estos problemas pero vamos a aportar algunas más.
Profesionalización: Dos mandatos como máximo en puestos legislativos y nunca consecutivos. Para los poderes ejecutivos, obligación de nombrar personas de pública capacidad que no pertenecen a ninguno de los partidos representados en los poderes legislativos, para que cumplan un mandato parlamentario. Está práctica ya se ha empleado y tiene la virtud de que el ejecutivo dependa ampliamente de los parlamentos que deben ser soberanos.
La división de poderes: Pues ya hemos solucionado uno con la forma de elegir al ejecutivo y el judicial pasarlo por las urnas como en los Estados Unidos de América, ni más ni menos.
Y lo más gordo, la democracia. ¿Cómo acabar con el ritualismo? Pasando a la votación continúa.
Actualmente votamos por intervalos, pero el resto de poderes actúan en continuo, lo que supone una clara desventaja y por tanto una forma de amarrar a puerto la fuerza de los votos, mientras el resto de embarcaciones navegan cuando les conviene. Pues simplemente dar las mismas oportunidades y tener fe en la democracia. El voto continuo. Cada circunscripción debe tener su portal de votación continua, donde figura tu voto y la posibilidad de cambiarlo cuando uno quiera, así cuando el legislativo, que ya lo hemos hecho más soberano, actúe en forma contraria a lo esperado por el votante, le retira el voto a su candidato y lo cambia a otro o simplemente lo deja en blanco. Esto ocasionaría un trasiego de parlamentarios muy interesante, recuerde que el parlamentario que pierda su escaño, se queda la legislatura vigente y la siguiente sin poder presentarse(solo dos mandatos y no consecutivos), incluso con posibilidad de cambios de gobiernos que pierdan la confianza de los parlamentarios. O si se piensa en la consabida necesidad de mantener gobiernos estables, permitir que el ejecutivo presente mociones de confianza, teniendo en cuenta el sentido del cambio de votos, recuerden que el ejecutivo en esta modalidad de gobierno no pertenece a ningún partido en concreto y dado que está formado por personas capacitadas que cumplen el mandato parlamentario, bien pueden modificar su política sin necesidad de cambiar las personas.

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